miércoles, 25 de junio de 2025

Tres maneras de decir sí

A veces, lo que se cierra no se dice una sola vez.
A veces, una misma verdad necesita varios trajes.
Esta es una despedida que tiene tres voces: la que dice claro, la que dice en símbolos, y la que lo dice desde la sombra.
Pero las tres, en el fondo, dicen lo mismo:
Estoy en paz.


Versión I — El claro

Si hoy escribo esto,
es porque lo acepto,
acepto mi culpa
sin remordimiento.

Escribo, paro y reflexiono,
y no lo espero del resto.
Hasta aquí he llegado,
gracias pies, por el camino andado.

Ahora, para, respira,
mira a tu alrededor,
¿qué ves? armonía.
Fiel alegría.


Versión II — El espejo

Hoy escribo, porque el eco ya no duele,
porque la culpa ya no exige penitencia.
Dejo caer lo que no sostengo,
y lo que me sostuvo, le doy las gracias.

He sido brasa, incendio y ceniza,
he sido nudo, y también cuerda rota.
Hoy soy sólo humo que se eleva,
y se disuelve sin querer volver.

Camino sin buscar testigos,
el barro en mis talones me recuerda
que incluso el tropiezo fue parte del paso,
y que el suelo también bendice.

Respiro.
Y el mundo, por fin, no pesa.

¿Qué veo? Un claro entre los escombros.
Una pausa. Una hoja en su rama.
La fidelidad simple del sol al horizonte.
Y en mi pecho: un sí. Pequeño, pero mío.


Versión III — La sombra

He bajado al lugar sin sonido,
donde todo se quiebra y no grita,
donde el alma conversa en lo hondo
con la carne que aún late marchita.

Allí fui ceniza y espectro,
eco frío de un verbo sin nombre,
he dormido abrazado al insecto
que anida en la culpa del hombre.

Renuncié al fulgor de la espera,
a la sal que pedía otra herida;
me cubrí con la túnica austera
de quien ya no exige la vida.

No busqué absolución ni consuelo,
ni el perdón disfrazado de abrigo;
fui mi propio ataúd y mi cielo,
mi castigo, mi duelo, mi abrigo.

Y al final, al final no hubo estruendo,
ni una voz que dijera “has vencido”;
sólo el polvo, cayendo, cediendo,
sobre un cuerpo sin miedo, rendido.

Entonces la paz fue un susurro,
una brisa sin rostro ni urgencia,
y en la grieta del pecho más duro,
brotó —casi ajena— clemencia.

No hubo luz, ni promesa, ni canto.
Sólo un sí que se dijo hacia dentro.
Sin aplauso, sin fe, sin encanto.
Un sí tibio, y total. En el centro.


Tres caminos.
Un mismo final.
Lo que queda no es lo dicho,
sino el silencio después.

jueves, 12 de junio de 2025

El latido que no cede

No es la fuerza del viento ni la tormenta,
es el pulso escondido, suave, constante,
la piel que, aunque quema, nunca se fragmenta,
y vuelve a levantarse, aún titubeante.

La herida que duele, pero se acompasa,
aprende a ser puente, no sólo cicatriz.
Hay una voz callada que nunca se cansa,
y se afirma en sombra, en calma y raíz.

No es el grito el que alza la esperanza,
ni la victoria el paso más sincero.
Es la lenta memoria que nunca se cansa,
de andar, aunque el camino sea incierto.

Los fantasmas del miedo se vuelven aliados,
y el filo que hiere se vuelve sostén.
Resiliencia es el nombre de los pasos dados,
la perseverancia que rompe el vaivén.

No hay derrota completa, sólo pausas,
el latido que insiste, el volver a empezar.
En el fondo del alma, donde nada se pausa,
la vida es renacer, aprender a andar.

Escribir en la sombra, tallar en el aire,
dar paso a lo incierto, sin miedo a errar.
Porque el alma es fuego que sabe volverse aire,
y en cada caída, aprende a brillar.

No es la ausencia de heridas lo que define,
sino la sangre que sabe seguir sin voz.
El eco silencioso que no se extingue,
la fuerza callada que se hace feroz.

Perseverar es el filo sin memoria,
que vuelve sin gloria, sin pausa, sin más.
Una danza sin prisa, sin lugar ni historia,
que late y se yergue, y vuelve a empezar.

sábado, 7 de junio de 2025

La forma del filo

No es el amor lo que aún desgarra 
sino la entrega dada sin medida.
Una obediencia torpe, sin palabra,
que deja a media sangre la partida.

Hay rastros que la piel no manifiesta,
como una herida antes de doler.
La voz que no se dijo ya molesta,
deforma lo que queda por nacer.

La herida no se exhibe ni se excusa:
camina oculta, calma y silenciosa.
El cuerpo nunca olvida lo que acusa,
aunque parezca ausencia generosa.

No es odio lo que arde, sino el hueco
que dejan las promesas mal guardadas.
No hay nombre en el dolor, tan solo un eco
de cosas que jamás fueron nombradas.

El filo no castiga, solo insiste:
su forma es regresar con cada paso.
Y el que sangra no escapa, solo existe,
porque sangrar se vuelve su fracaso.

domingo, 20 de abril de 2025

Símbolos que saben más de lo que dicen.

A veces volvemos a ciertos símbolos.

No por nostalgia, ni por drama, ni por necesidad.
Simplemente hay formas, gestos o heridas que nos contienen mejor que las palabras.
El ouroboros siempre me ha parecido uno de esos.
Cierra el círculo, pero no lo calma.
Gira, pero no avanza.
Sangra… pero sigue.

Lo curioso es que, aunque uno escriba para sí,
hay palabras que parecen encontrar lectores concretos.
O quizás es solo el azar, tan elegante como insistente.

Dejo aquí un poema.
No tiene destinatario.
O quizás sí.
Quién sabe.

sábado, 21 de diciembre de 2024

Adiós 2024, pero prefiero decir, adiós 2020

- Y, ¿Cómo te sientes?
- Como si fuera un final.
- Todos los fin de año son un final.
- Sí, pero este se siente diferente. No es el final del año, es como el final de una temporada.
- Y, ¿Cuándo comenzó esa temporada?
- 2020. Todos entramos a ese año con esperanzas, parecía un número especial y fue el comienzo de una oscura temporada llena de silencio, dolor e incertidumbre.
- ¿Dirías que la pandemia te marcó?
- Muchísimo. Lo peor es que me estoy dando cuenta ahora, y como en toda temporada fuerte de una serie, tuvimos escenarios nuevos, conflictos, desilusiones, fracasos, logros, personajes nuevos y otros que se fueron. 
- Y, ¿Cómo te sientes con todo eso?
- Que no me arrepiento de nada de lo que viví desde 2020 hasta este 2024, pero, bffff... fue muchísimo. 2021 ni existió para mi, apenas lo recuerdo. 2022 fue el año de subida, donde empezamos a pisar tierra firme. 2023 lo afirmó y 2024 lo está cerrando.
- Y dime, ¿Cómo está finalizando tu temporada?
- Con muchas enseñanzas.
-¿Como cuales?
- Como que el estrés puede agotarte, la ansiedad puede ahogarte y la depresión puede destruirte. Que no existe resiliencia sin aceptación, y nadie en esta vida puede levantarse solo. No puedes esperar que te salven, porque quién único puede salvarte eres tú mismo. Que se puede caer muy bajo y aún así salir a flote. Que una persona rota no puede salvar a otra, ni tampoco una persona sana puede reparar a otra rota. Que damos lo que tenemos, pero si nos quedamos sin nada no tendremos ni para nosotros. Que las cosas a su tiempo se pueden lograr, que no hay que forzar lo que se puede romper, que no hay nada de malo en volver a empezar y que a veces, eso que te está haciendo daño es lo mismo que no quieres soltar. Que está bien sentir miedo, que está bien estar mal. Lo único que está mal es quedarse quieto, estático. Que la quietud y la desolación van de la mano. Que el abrazo de contención más fuerte a veces son mis propios brazos rodeándome. Y me destruí, me construí, me desmoroné y me volví a reinventar. Me desgarré la piel, y que con aguja e hilo, con varias puntadas, me volví a coser. Que la cara me pesó un poco más para sonreír, pero en hacer reír a otros encontré la terapia y la rehabilitación. Que ahora me salen canas, pero alguien me dijo que era inevitable. Que el corazón, por más dañado que esté, se recupera y quiere volver a sentir. Que si no nos permitimos sentir nos enfermamos. Que lo que callamos jamás muere, solo se queda acumulado. Que cuando nos amamos a nosotros mismos, podemos amar. Agradecer los finales y darle la bienvenida a los nuevos comienzos. Que el freno de mano se puede romper, que lo planificado se puede desvanecer. Que no hay que tenerle miedo a crecer. Diría: "Adiós 2024, pero prefiero decir, adiós 2020", el título de toda una temporada.